PRINCIPIO DE HUMANIZAR AL DIFERENTE

En situaciones de conflicto, las personas solemos construir conceptos negativos sobre otros seres humanos, despojándoles de su humanidad, elaborando percepciones distorsionadas sobre ellos y sus intenciones, viéndoles como seres extraños que amenazan aquellos valores culturales, sociales, económicos, religiosos o ideológicos que son importantes para nuestra propia identidad y seguridad.

Esta visión distorsionada de la otra persona, grupo social o comunidad es estimulada deliberadamente por la “cultura de violencia” que impregna nuestra cotidianeidad. Crear una “imagen de enemigo” favorece la beligerancia y la hostilidad hacia la otra, ayuda a conseguir apoyos a las políticas de enfrentamiento, justifica el uso de la violencia y el aumento del coste económico de la seguridad propia.

Al asumir el principio de humanizar al diferente desde Lorategi queremos desarrollar una nueva visión de nuestros antagonistas. Para nuestros profesionales, humanizar implica reconocer y honrar a la persona que nos confronta, respetar su dignidad humana, reconocer sus necesidades básicas y esforzarnos por escucharla y entenderla. También implica cuidar las palabras que utilizamos y pensar en los resultados de nuestras acciones, porque causar dolor al oponente y ensañarse con él o con ella no suele ser la forma más eficaz de actuar para lograr una convivencia pacífica.

Este principio nos acerca también a un horizonte de paz compartida al promover el conocimiento mutuo, favorecer las actitudes de respeto e igualdad, ayudar a reconocer nuestros prejuicios negativos e “imágenes del enemigo”, así como los factores que los alimentan. También inspira objetivos compartidos, nos emplaza a la reconciliación y permite explorar y abrir caminos de salida desde las diferencias que nos puedan separar y enfrentar.

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