PRINCIPIO DE PAZ POSITIVA

Nuestra entidad asume una visión multidimensional de la paz, viéndola como un valor, un derecho, una necesidad, un propósito y un proceso que afecta a todas las dimensiones de la vida humana. Desde nuestra perspectiva, la paz no es un asunto exclusivo del Estado, es principalmente un asunto de la comunidad e implica una asociación activa entre todos sus miembros.

Desde Lorategi no entendemos la paz como simple ausencia de violencia, ni como un punto estático, ni un punto de llegada, sino como un proceso y una dinámica social que permite a las diversas personas y comunidades satisfacer sus necesidades básicas. Así, incorporamos la visión de la paz positiva como un recurso de vida, de la vida que se apoya en otra, arropándose mutuamente para realizarse y sobrevivir, contando con estructuras que lo facilitan y culturas que lo alientan. En este sentido, la paz positiva no va ligada a la violencia y la guerra (como la paz negativa) sino a la vida y al modo en que se pacta el apoyo mutuo.

Al asumir este principio, queremos transcender la visión negativa de la paz y no esperar  a lograrla viéndola como el resultado de poner fin a la violencia, sino como un factor superador de la violencia, como una herramienta que nos permite tejer redes, formas y ámbitos acogedores de convivencia, protección, ternura, alegría, apoyo mutuo, duelo, reparación, llanto y canto. Queremos hacerla aflorar conectando lo humano que hay en las personas metidas en la dinámica de la violencia, incluyendo a la otra persona en un nosotros abierto, creando ambientes en el presente y abriendo en el futuro horizontes de reconciliación. Una herramienta que socave la violencia, ofrezca aliento y porte esperanza.

Desde Lorategi queremos engarzar el no a la violencia con el sí a la vida que es tapada con la imagen de enemigo. Ello implica asumir la práctica de honrar a las personas siendo firmes con el problema. Es decir, tratar de buscar con tenacidad en el contrario su voz, valores y claves de comportamiento, distintos de los propios, que nos permiten decir SÍ, reconocerlos, alentarlos y apoyarnos en ellos para enfrentarnos a lo que rechazamos en su actitud y comportamiento, tratando así de abrir un camino común a través del conflicto que nos confronta, forjando el tipo de relación que nos encamine a la reconciliación.

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